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Ejercicio en pacientes con Artritis reumatoide

La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad crónica, sistémica, autoinmune y la forma más común de inflamación crónica de las articulaciones

Como consecuencia de su enfermedad, los pacientes con AR generalmente sufren dolor articular intenso, fuerza muscular reducida y función física deteriorada

La artritis reumatoide (AR) se asocia con una mayor morbilidad y mortalidad por enfermedad cardiovascular (ECV), el ejercicio es una de las intervenciones conductuales más importantes que puede tener un gran impacto beneficioso sobre la probabilidad de desarrollar, sufrir síntomas o morir de ECV.

Ejercicio para la prevención y manejo de enfermedades cardiovasculares 

Todavía existe una gran controversia sobre la cantidad óptima de ejercicio para obtener el mayor beneficio cardiovascular. La diferente intensidad de ejercicio y la duración, así como varias combinaciones de ellas, pueden tener diferentes impactos en la magnitud de la mejora de la aptitud cardiorrespiratoria. La mayoría de los autores están de acuerdo en que existe una relación dosis-respuesta entre la cantidad de ejercicio, todas las causas y la mortalidad cardiovascular.

El mayor potencial para reducir la mortalidad se encuentra en las personas sedentarias en quienes incluso un ligero aumento en la actividad física diaria es beneficioso; para individuos más activos, se deben buscar intensidades más altas, dependiendo principalmente de los niveles iniciales de actividad física.

 

Ejercicio en ARTRITIS REUMATOIDE

Hasta ahora, los objetivos principales de la terapia con ejercicios en la AR han sido mantener la capacidad funcional y mejorar la capacidad física, siendo el ejercicio aeróbico de intensidad moderada y de larga duración el que parece obtener el mayor beneficio sobre el riesgo y la mortalidad por Enfermedad cardiovascular.

En los últimos años, se ha establecido que los programas de ejercicio físico bien dosificados y por el personal calificado, promueven mejoras prolongadas sin inducir efectos nocivos sobre la actividad de la enfermedad y el daño articular

Entrenamiento de fuerza 

Los programas de ejercicios de resistencia convencionales que consisten en ejercicios isométricos y  de bajo impacto articular, se han utilizado repetidamente en la AR. La aplicación de ejercicio de fuerza de intensidad baja a moderada en pacientes con AR se ha observado en múltiples estudios científicos, aumentar la capacidad física sin exacerbar el dolor o la actividad de la enfermedad e incluso puede revertir la caquexia reumatoide

Entrenamiento aeróbico

Las actividades aeróbicas que se incluyen con mayor frecuencia en las intervenciones de ejercicio son caminar, correr, andar en bicicleta, hacer ejercicio en el agua y la danza aeróbica.

Se ha demostrado que la hidroterapia es muy efectiva para quienes padecen AR, reduciendo la sensibilidad de las articulaciones, mejoran el rango de movimiento de la rodilla y mejoran el bienestar emocional y psicológico.

Combinación de entrenamiento aeróbico y de fuerza. 

La combinación de entrenamiento intensivo aeróbico y de fuerza ha sido el régimen de ejercicio más utilizado en investigaciones recientes en AR y produce un estímulo físico efectivo para lograr adaptaciones fisiológicas deseables mediante los efectos benéficos de ambos entrenamientos.

en conclusión, el ejercicio tanto de fuerza como aeróbico y de flexibilidad, son opciones ideales en este tipo de sujetos, quienes se ven muy beneficiados tras un programa bien dosificado y personalizado de ejercicio.

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Hacer o no ejercicio con gripe

¿Es realmente beneficioso ejercitarte durante un resfriado?

Durante el invierno es común padecer algún resfriado, que además de las molestias que conlleva, puede echar abajo tus propósitos de empezar bien el año haciendo ejercicio. Si te encuentras en esa situación, en este artículo te decimos cuándo y cómo puedes llevar a cabo tu entrenamiento.

La simple idea de pensar en estar en cama durante un resfriado puede constituir un dolor de cabeza tanto para los deportistas como para todo aquel que lo padezca. Y es que la sola presencia del virus en nuestro cuerpo debilita nuestro sistema inmune y provoca una disminución de nuestra energía, ocasionando que nos sintamos más fatigados de lo normal. De ahí que mucha gente aconseje evitar hacer ejercicio durante esos días. No obstante, también se sabe que realizar ejercicio mejora nuestras defensas. Esta diversidad de opiniones sólo logra confundirnos más.

¿Debo o no hacer ejercicio si tengo gripe?

Una investigación de 2010 realizada por la Universidad de Chicago asegura que el ejercicio ligero es beneficioso para combatir enfermedades, ya que aumenta las células del sistema inmune que nos ayudan a atacar a los virus. Si bien su efecto es a corto plazo, la suma de pequeñas sesiones de entrenamiento puede acelerar nuestra recuperación.

Se ha establecido la denominada “regla del cuello”, que sostiene que si las molestias son del cuello hacia arriba, entrenar con gripe no traerá problemas. Sin embargo, si las molestias se extienden hacia abajo, será necesario guardar reposo y reincorporarse gradualmente al entrenamiento.

¿Con qué síntomas podemos hacer ejercicio y con cuáles no?

Si tenemos dolor de cabeza o de garganta, congestión nasal u ojos enrojecidos se podrán realizar actividades moderadas, como salir a caminar, alguna clase de yoga, etcétera.

Uno de los puntos claves para determinar si ejercitarse o no es la intensidad del ejercicio. Y es que si bien una activación física leve-moderada mejora nuestro sistema inmune, la de alta intensidad empeora nuestra enfermedad pues reduce la eficacia de nuestras defensas.

¿Cuándo es contraproducente entrenar?

Es importante subrayar que ante la presencia de síntomas como fiebre, dolor en el pecho —acompañado de náuseas— o malestares musculares que sugieran infección sistémica, es recomendable esperar unas dos semanas para recuperarse antes de reanudar el entrenamiento intenso.

¿Qué pasa con la fiebre?

enfermoUno de los mecanismos de defensa ante la enfermedad es el incremento de la tasa metabólica, que incluye la reducción de la capacidad funcional del corazón, la cual provoca un aumento de la frecuencia cardiaca en reposo incrementado de 10 a 20 latidos por minuto. Otro parámetro que evidencia el trabajo extra que realiza el organismo ante la presencia de fiebre es la mayor demanda de oxígeno, la cual se incrementa 13 por ciento por cada grado por encima de los 37°C.

¿Qué aspectos debemos considerar?

Recordemos que el rendimiento físico durante el resfriado suele disminuir, por lo cual es recomendable moderar la actividad planificando cargas de trabajo leves. Además, la dieta, el reposo y, especialmente, la hidratación durante esos días son fundamentales, por lo cual sugerimos seguir las siguientes recomendaciones.

Tipo e intensidad de entrenamiento. Puedes realizar prácticamente cualquier tipo de ejercicio, desde una caminata, hasta ejercicio de pesas (fuerza), andar en bicicleta o actividades de agilidad y destreza, siempre y cuando no rebasen la intensidad moderada.
Indumentaria. El tipo de ropa con el que practiques deporte es importante antes, durante y después al ejercicio. Trata de evitar zonas descubiertas de tu cuerpo como el pecho, la boca y la nariz al iniciar y finalizar tu ejercicio, principalmente en climas fríos y con viento. Procura cambiar tu ropa húmeda y evita exponerte a corrientes de aire lo antes posible luego de tu entrenamiento para recuperar tu temperatura corporal.
Alimentación. La hidratación y la alimentación son fundamentales para una lograr rápida recuperación (el agua favorece la producción de mucosidad necesaria para eliminar el virus o la bacteria). No olvides comer frutas y verduras abundantes que contengan vitamina C.
Sueño. Es importante que duermas de ocho a nueve horas para conseguir una recuperación y un descanso adecuados.

Siguiendo estos sencillos consejos tu cuerpo agradecerá el poder ejercitarse y le dirá adiós más rápido a ese resfriado común.

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